27.9.09

Cambios.


Todo se me acumula. Lo almaceno mientras trato de ordenarlo, pero no lo consigo. Vuelven a mí las imágenes como secuencias. Ella acarició mis alas, me apretó un brazo con esa congoja que te inunda cuando ves y sientes a alguien importante sufrir. Yo no pude evitarlo y algo húmedo me escurrió desde los ojos. Me dijo que iba a juntar todo el cariño del Universo para regalármelo a mí. El viento goteaba entre las nubes, como un torrente de libertad entrelazando el césped a mis manos y a mis ojos cerrados. Salí por primera vez de casa desde hacía algo más de una semana, salí para volver sin arrastrar los pies. Respiré del mundo, pude sentir cómo las bocanadas de aire desdibujaban el humo alrededor de mis manos... Pero ella se fue y la soledad ha regresado. Sube la marea y la cama sigue vacía de almas y salpicada de sangre. Porque “yo en cambio no he sabido ir a favor del viento, que muerde las esquinas de esta ciudad”. Ha vuelto el sol para esculpirme las heridas con su calor. Ha vuelto esa sensación de vergüenza miserable que no me deja escapar. El arroyo de la pureza no hace más que empaparme sin llegar a expiarme de los pecados que posiblemente nunca cometí. Él vuelve a mí. El muy hijo de puta sigue resurgiendo inicuamente de entre las sombras y no me había dado cuenta. Siempre aparece cuando más débil me vuelvo a la carne, cuando más necesito la efervescencia de un abrazo. Hay momentos en los que me añora, en los que transitoriamente me quiere... Summertime me rodea mientras el espejo me devuelve la mirada. Es imposible. Intento evitar mis ojos rojos pero no puedo. Vomito. No dejo de intentar aplacar el nudo que me encoge el pecho. Tengo el estómago del revés, descubro de nuevo la marca de los huesos que hace tiempo desaparecieron de mi cuerpo... También manoseo el azul verdoso de los latigazos, acaricio con desesperación el dolor físico de los golpes y trato de arrancarme la piel, pero mis intentos son en vano.
Ahora sólo me queda esperar a que me busque quien me quiera encontrar y reunir el valor para empujar mi vida un poco más.

Shigeru Umebayashi, Angkor Wat Theme Finale